Comunidad Terapéutica de Cuyuncaví

Ideas que guían la terapia en esta Comunidad

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Como seres humanos nacidos y educados en el materialismo, vivimos cada vez más bajo la experiencia sorda, dormida de que somos seres inmodificables. Somos desde esta concepción materialista tan solo un producto azaroso de las leyes naturales.

Perdemos de esta manera lo que le es más propio al espíritu: la capacidad de la transformación, lo que surge del ser activo y creativo que desde lo alto renueva y da forma al universo.

A pesar de cómo vivimos hoy en día, al acercarse el ser humano a la juventud, ve nacer en su alma el anhelo por la libertad. Reconocemos este impulso, este anhelo, como algo muy profundo, muy íntimo de nuestra alma. Pero a causa de nuestro ahogo en el materialismo, nuestra alma es ya incapaz de vivenciar lo que viene del espíritu. Ya sólo reconoce como válido lo que le viene del cuerpo.

Esta situación de no poder anidar en nuestra alma lo que a su vez barruntamos como lo más íntimo de ella, nos llena de angustia y nos debilita día a día para la vida.

Desde esta situación nos proponemos la vida en una granja como la más alta terapia imaginable; pues podemos encontrar en la naturaleza desplegado diariamente la creación continua del todo universal.

Las personas que recibimos en nuestra comunidad, además de vivir la situación antes descrita, padecen en muchos casos graves enfermedades siquiátricas y/o adicciones de diversa índole.

Como pilar del proceso terapéutico nos proponemos la vida en una granja, puesto que el trabajo en ella, entre muchas otras cosas, nos lleva a volver a experimentar lo que es realmente un organismo, algo que en la ciudad es muy difícil vivenciar, como por ejemplo el transcurso del año marcado por sus cuatro estaciones.

Cuando trabajamos día a día en el campo nos vamos compenetrando del significado de cada una de estas estaciones; nuestro trabajo va a ir acompasado con los requerimientos de cada época del año. Tanto la tierra, como las plantas y los animales nos pedirán cosas muy distintas en primavera, otoño, invierno o verano, y nosotros debemos aprender a compenetrarnos y abrirnos a la enorme sabiduría que vive en el transcurso del año.

Es así como en haciendo esto toda nuestra vida interior se enaltece y ennoblece, y nos lleva poco a poco a la experiencia de que la naturaleza, que antes era para nosotros un resultado azaroso de leyes naturales, es en verdad la majestuosa expresión de un espíritu viviente.

Todo esto nos va poco a poco sanando de la predeterminación, permitiendo así que pueda anidarse en nuestra alma la convicción de que podemos erguirnos. Este es el anhelo central de nuestra comunidad, que a través de la terapia que tiene como centro la vida en el campo, podamos devolverle al alma la determinación que surge del espíritu.